
Por: Natalia Herrera
nataliaherrera06@hotmail.com
Fotos: Catalina Villamizar
A porros, sones de chirimía, jugas, tamborito, jazz, rock y cantos gitanos suena Tumbacatre, un grupo que se sumó hace tres años a las bandas de música fusión de la capital. Su director y fundador, Mateo Ramírez, cuenta cómo ha sido este proceso y aprendizaje por los sonidos olvidados del Pacífico colombiano.
El encuentro con Mateo Ramírez fue la noche del lanzamiento del primer trabajo discográfico del grupo en la casa de la cultura El Palenque Delia, en Bogotá. Eran las diez de la noche y el lugar estaba desolado. Algunos esperaban sentados en el andén a que el lugar se llenara, mientras tomaban aguardiente para espantar el frío. Mateo, un bogotano de 28 años, miraba inquieto alrededor. Pronto, y en contra de todas las predicciones, el sitio estaba repleto. Los músicos de Tumbacatre comenzaron a tocar esas canciones que hicieron bailar, incluso encima de las mesas, a los asistentes de todas las edades y regiones del país.
El segundo encuentro fue en su casa de La Calera. Su cuarto tiene arrumes de libros y CDs en las mesas y en las repisas. De las paredes cuelgan algunos instrumentos africanos, como un dungu, instrumento pequeño de madera con cuerdas, similar a una guitarra, pero arqueado en una joroba en el diapasón. También se aprecian la batería, dos guitarras, un amplificador, una marimba y dos platillos de cobre. Mateo se sienta en una silla pequeña, y a medida que recuerda el comienzo de Tumbacatre juega como un gato pequeño con dos cordones largos que caen del techo.
NH: ¿Cuándo nace Tumbacatre?
MR: En 2004, con el reencuentro de tres amigos: Samir Elías Aldana, Eric Bonca y yo. Samir y yo habíamos vivido en Cuba varios años. Y allá nos fuimos encarretando con la música, primero afro y después colombiana. Entonces Julián Sarmiento, otro amigo músico, nos mandó unas gaitas y unos tambores y empezamos a experimentar con música del Caribe colombiano. Después de eso, nos separamos y nos reencontramos en Colombia, cada uno había tenido su historia con el folklore y para entonces a los tres nos había dejado la esposa. Así que en esa crisis decidimos hacer algo porque si no íbamos a colapsar. Y surgió la idea de Tumbacatre.

NH:¿Por qué el nombre del grupo?
MR:Tumbacatre es una bebida del Pacífico. Yo digo que es como un Bailys criollo. En cada región hacen su destilado casero y en el Pacífico se llama Biche; le echan miel, clavos y canela, crema de leche y huevos de codorniz y se vuelve Tumbacatre, una bebida supuestamente afrodisíaca o levanta muertos. En ese momento nos encarretó la música del Pacífico, tanto la chirimía del norte del Chocó, que es música de banda, como la del sur del Pacífico, que es música de marimba.
NH: ¿Quiénes componen el grupo y de dónde son?
MR:Tumbacatre ha cambiado muchísimo. La constante del grupo han sido los cambios, porque ha entrado y salido gente, lo que a su vez lo ha enriquecido porque siempre es gente que viene de distintos lugares con diferentes historias musicales. Hoy en día somos entre 13 y 15 músicos de Bogotá, Cartagena, Turbaco, Quibdó, Guapi, La Calera y Cali.
NH: ¿Por qué el estilo de Tumbacatre se considera música fusión?
MR:Aunque el término me molesta un poco, porque responde más a unos fines comerciales, yo no voy a mentir diciendo que soy guapireño y toco currulao. Yo no crecí en un potrillo pescando piangua, ni tampoco en el Chocó echando la batea para sacar oro de las aguas, nada de eso. Yo crecí en Bogotá, oyendo chirimía, pero también vallenato, punk, música clásica, rock y jazz. En gran medida esa es nuestra identidad: una multiplicidad de culturas. Es lo que tratamos de revivir con la música que hacemos.
NH:¿Qué encontramos en una canción como ‘Bagdad’?
MR:En ‘Bagdad’ uno encuentra música basada en melodías árabes, punk, porro de banda sabanero y tamborito, mal llamado porro chocoano. También tratamos de hacer rap. Tiene mucho de todo, no es ni una cosa ni la otra. Lo que uno puede hacer es ser honesto. Hemos crecido en una urbe en la que confluyen todas las culturas de Colombia y el mundo.
NH:¿Cómo piensan ustedes la fusión?
MR: El término fusión habla de que un elemento se funde con otro para crear un nuevo elemento, y no se trata de eso. Se trata de poner en diálogo culturas distintas.

NH: ¿Desde cuándo se viene desarrollando el movimiento que se reconoce hoy en día como música fusión en Bogotá?
MR:Eso es difícil de definir porque el término fusión no nos pertenece como tal. La fusión realmente surge con el jazz de fusión, cuando le meten funk en los años sesenta en Estados Unidos. Lo que se ha dado en Bogotá es una búsqueda de las raíces de las músicas locales. Un movimiento que empezó a finales de los ochenta con grupos como Distrito, Bloque de Búsqueda y Carlos Vives. Sólo hasta el 2002 estás indagaciones miran al Pacífico, con grupos como ChocQuibTown, La Mojarra Eléctrica, Curupira, Comadre Araña, Primero mi tía y Tumbacatre.
NH:¿Por qué cree que cada vez hay más grupos trabajando en esta línea?
MR: Creo que Colombia está empezando a vivir un fenómeno similar al de Brasil en los años sesenta con Caetano Veloso; o en Cuba en los años setenta, con grupos como Iraquere y Los Van Van de Cuba. Lo que sucede es que los músicos empiezan a experimentar con la avalancha musical que llega del exterior y los sonidos regionales. Eso empieza a cobrar fuerza hasta llegar a ser un movimiento importante.
NH: ¿Por qué la música fusión en Bogotá toma un sentido reivindicativo?
MR: Hay una reivindicación importante por darle valor a lo que tiene valor. Por ejemplo, el hecho de que haya grupos interesados por la marimba, aunque falta que muchos músicos no se tomen las cosas tan a la ligera. Hay que investigar, los viejos están allá en las riberas de los ríos muriéndose y son los que poseen este saber de años. Hay que aprender de ellos.
NH: ¿Por qué se dice que el desplazamiento masivo de personas a la ciudad ha marcado esta música
MR:Básicamente, porque ese desplazamiento ha obligado a que uno se tenga que encontrar con músicos de todas las regiones.
NH:¿Ese desplazamiento trae nuevas formas de resistir la violencia?
MR:Sí, por ejemplo, nosotros en Tumbacatre metemos melodías gitanas por una razón: es un pueblo que admiramos mucho, porque pese a no tener una música personal, los gitanos llegan a España y tocan sevillana y cuando llegan a Polonia tocan polcas a su manera. Lo que hacen es reinterpretar, precisamente aprovechan ese desarraigo de una forma bella y creativa. Igualmente, tu miras la música del Chocó y encuentras lo mismo, la chirimía son ritmos europeos tocados por los negros esclavos. ¿Y cómo la tocan?, pues con sabrosura, reinterpretando todo. Es algo dinámico que denota vitalidad, así sea muy dramático el trasfondo.

NH: ¿Qué grupos o qué cantantes influyen en Tumbacatre?
MR:Primero, los maestros del Pacífico, en donde hemos estado investigando, con la gente, aprendiendo, emborrachándonos, paseando, tocando. Entre ellos la familia Torres de Guapi; o en el Chocó, el negro Cecilio; o Bahía, un grupo que con Hugo Candelario ha marcado no sólo el proceso de Tumbacatre, sino de toda la música del Pacífico. Hay muchos maestros, sin duda.
NH: ¿Qué importancia tiene la historia y la tradición oral para el trabajo de Tumbacatre?
MR: Toda la importancia, en la medida en que uno no aprende marimba en una academia. Uno aprende marimba no sólo tocando sino escuchando las historias de los viejos. Como la del duende de la marimba, que dice que uno puede tocar marimba pero no a dominar al duende que vive en el instrumento; eso es lo que diferencia a un maestro de un aprendiz. Aunque Tumbacatre no es tradicional, mezclamos lo aprendido de los maestros con lo que sabemos de la academia.
NH: ¿Tumbacatre tiene alguna apuesta política?
MR: La apuesta política de Tumbacatre es estar del lado de la gente, no de ningún partido como tal. Tratamos de mirar al otro, aceptarlo y dialogar con él. Es claro, también, que no estamos de acuerdo con las políticas de este gobierno, eso se ve en nuestras canciones. Una apuesta no violenta, claro está.
NH: ¿Qué importancia tiene Tumbacatre en un país como Colombia?
MR:Pienso que sí la tiene, pero que no la tiene solo. Lo importante es que la música sea un pretexto para mirarnos en un espejo, y cualquier movimiento artístico y cultural se vuelve el reflejo de una sociedad en determinado momento. Un espejo en el que la gente pueda mirarse y reconocerse sin la pretensión de verse igual. Tumbacatre y otros grupos están construyendo memoria.
NH: ¿Qué tan fácil es entrar al mercado musical colombiano con esta propuesta musical?
MR: Hemos encontrado todas las dificultades porque el mercado colombiano se basa en ritmos muy similares. Es como sacar galletas para vender.

NH: ¿Cómo ser escuchado entonces?
MR: Tenemos ciertos bares en los que podemos tocar, bares culturales del Centro y Chapinero. Pero el pago es muy malo, entonces es difícil vivir de esta música. Entre otras, estamos montando un Sindicato de Músicos para mejorar la situación. Pero es un proceso lento, en cinco o diez años, este país va a tener un mercado cultural para esta música. Se requiere paciencia y trabajo, nada más.
NH: A finales de 2006 lanzaron su primer trabajo discográfico, en junio de 2007 estuvieron en Ecuador por invitación de Acnur, y tocaron en el cierre del Festival de Teatro Iberoamericano 2008. ¿Qué viene para Tumbacatre?
MR: Por un lado, estamos grabando un sencillo con la Mojarra Eléctrica, paralelo al trabajo de nuestro segundo disco, que esperamos lanzar a finales de este año y trae más timba cubana y currulao. Y por el otro, empezamos a trabajar otros lenguajes como el video, para enriquecer las presentaciones. Además, aceptamos la propuesta de un manager que comparte una visión musical similar a la nuestra. Es el manager de Petrona Martínez y de Etelvina Maldonado.
*Con razón Alfredo Molano Bravo en la contra carátula del primer álbum de Tumbacatre escribe: Cuando Tumbacatre toca, suena y resuena la marimba de chonta, el bombardino de cobre, el clarinete, la guitarra, los tambores y una voz raizal y sin escuela. Pero Tumbacatre no es solo un gran conjunto que rescata el alma de nuestra gente. Va más allá: indaga en esas músicas internas que viven agazapadas como fantasmas en los pliegues de la sensación. El grupo ha logrado que los jóvenes lo oigan y lo entiendan y que las viejas generaciones lo gocen y lo bailen.
~Este texto fue publicado en la revista Directo Bogotá.